Me parece fatal que la gente joven se divierta en público sin hacer daño a nadie.
Buff dónde vamos a parar. Ni un triste kalimotxo contra alguna fachada.
Yo tampoco me iría a vivir a ese punto que lleva 12 siglos recibiendo peregrinos en masa. Seguramente ya nadie viva allí y solo queden restaurantes y tiendas de souvenirs.
Pero qué coño, hemos venido a jugar: ¡que se prohíba el Camino de Santiago ya!! No me gusta que los católicos se diviertan.